Monday, October 29, 2007

HAY QUE HABLAR DE JUSTICIA ANTES DE SANTIDAD

Desde su establecimiento en mayo del 2006, este blog ha estado textualmente dedicado a promover y dar seguimiento a la causa de canonización de Monseñor Romero. Este ha sido un emprendimiento exclusivo a favor de la causa establecida en los procedimientos internos de la Iglesia Católica Romana para declarar oficialmente a Mons. Romero como un santo. Pero, trás una profundización muy fundamental sobre el caso y los hechos, estamos cambiando un poco el enfoque para dar énfasis a los procesos legales del mundo seglar, las investigaciones a fondo del crímen político, del asesinato desde una perspectiva humana y terrenal que de frutos en la buzqueda de verdad, justicia, paz y reconciliación, especialmente en la esfera del pueblo de El Salvador. Ese proceso ha entrado a una etapa mucho más aguda, especialmente a raíz de los hechos tocantes al caso Romero ante la Corte Internacional de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos. Este ente ha estado investigando el caso Romero desde 1993 y finalmente se ha llegado el momento en que el gobierno salvadoreño por primera vez digne oportuno responder a las aseveraciones de las partes actoras en el caso. Existe mucha controversia en la etapa actual sobre varios temas pertinentes, pero lo importante es que estos procesos se desarrollen de manera conveniente para hacer justicia y buzcar la verdad.

Desde un sentido más profundo, es importante asegurar que los procesos de canonización no se usen de manera pretextual, para postergar la justicia en el mundo actual. Es muy importante que Mons. Romero sea reconocido santo, más que todo para hacer realidad la oración que Cristo nos mandó a rezar: "hágase tu voluntad así en la tierra como en los cielos." No cabe duda que Mons. Romero es santo en el reino celestial, y por eso es muy conveniente reflejar esa realidad en la iglesia terrenal. Sin embargo, Mons. Romero sería el primero en llamarnos a no mistificar los procesos sagrados de la iglesia, tergiversandolos para hacer ocultar las responsabilidades éticas y morales que se deben cumplier acá en la tierra antes de llegar al altar, a menos que el Padre Celestial nos obligue, como a Moisés, a quitarnos las sandalias antes de plantar nuestros pies en el suelo de la santidad. Es un hecho de que nunca se ha cumplido el deber de hacer justicia en el caso Mons. Romero, y es igüalmente un hecho de que la apertura actual en el caso CIDH nos presenta una oportunidad. Cabe mentar que esclarecer los hechos jurídicamente en los casos legales sería un gran aporte a los elementos más agudos en el proceso eclesial, para establecer los elementos necesarios para el decreto de martirio que se buzca obtener.

Por eso, nos resulta conveniente por el momento cambiar un poco el enfoque, de los procesos canónicos a los procesos jurídicos de Monseñor Romero. Hagamos, Señor, tu voluntad de que impere la justicia y la verdad, antes de pretender formalizar la correspondencia entre el cielo y la tierra con un decreto de canonización, cuando estemos en alguna situación de desacato en nuestra responsabilidad.

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