Saturday, May 19, 2018

¡ROMA!


AÑO JUBILAR por el CENTENARIO del BEATO ROMERO, 2016 — 2017:


Romero en la Plaza de San Pedro, como sacerdote y arzobispo.  La próxima vez será como santo.
#BeatoRomero #Beatificación
Óscar Romero, el arzobispo mártir de El Salvador, será canonizado en Roma el 14 de octubre de este año.  Así decidió el Papa Francisco en un consistorio de cardenales, como se había anticipado.  Mons. Romero será elevado a los altares a la par del Papa Pablo VI y otros nuevos santos durante un sínodo de obispos que se celebrará ese mes en el Vaticano.  El anuncio llegado la mañana del sábado 19 de mayo termina semanas de anticipación y especulación en torno a la canonización del que muchos ya llamaban “San Romero de América”.
La noticia detona en un ambiente festivo en la tierra del santo, donde la Arquidiócesis de San Salvador ordenó “que el sábado 19, al conocerse la noticia del lugar y la fecha de la Canonización, a las 6:00 a.m. hagan sonar las campanas de todas las Parroquias como signo de júbilo por la noticia”.  Otras diócesis circularon instrucciones similares. La noche previa al anuncio, el Arzobispo de San Salvador Mons. José Luis Escobar Alas celebró una Misa de Acción de Gracias por el consistorio en la Cripta de la Catedral Metropolitana donde yacen los restos de Romero, y posteriormente los fieles mantuvieron una vigilia en el recinto, entre tamales y oraciones alusivas al obispo mártir.
El consistorio marca el final del proceso de aprobación de la santidad de Romero, un proceso largo y complicado.  Desde el punto de vista técnico, el consistorio debe ser el paso más “fácil” en todo el proceso; nadie ha dudado que Romero lo llegaría a superar.  Nadie que llega a ese nivel se detiene allí.  De hecho, algunos hasta dicen que es una ficción legal.  No obstante, el valor simbólico es enorme porque significa que todo está completo.  El caso Romero fascina porque presenta un gran cambio de fortunas. Romero estaba abandonado, sus propios obispos en contra de él, murió bajo fuertes acusaciones, su entierro fue un desastre, y varios gobiernos sucesivos de su propio país lo quisieron relegar al olvido.  Pero su fama ha ido creciendo, y ahora existen libros, una película de Hollywood, estatua en Londres inaugurada por la reina, y hasta un aeropuerto y un asteroide llevan su nombre.  Este proceso simboliza el gran final de su gran ascenso.
La elección de Roma como el sitio de la ceremonia indudablemente decepcionará a algunos seguidores de Romero en El Salvador, que obviamente querían que fuera canonizado en su tierra.  Incluso, la conferencia episcopal salvadoreña envió una carta al Papa Francisco argumentando que Romero, conocido como un campeón de los pobres, debería ser canonizado junto a los pobres de su pueblo.  El pasado lunes, Francisco citó a uno de esos obispos, el Cardenal Gregorio Rosa Chávez, al Vaticano presuntamente para explicarle por qué sería preferible convertir al salvadoreño en “San Romero del Mundo” canonizándolo en Roma.
El escenario Romano se distingue de lo que hubiera sido una canonización latinoamericana en varios respectos.  Primero, la combinación de un papa latinoamericano, un santo popular latinoamericano, en tierras latinoamericanas, hubiera elevado el evento a una fiesta continental.  Segundo, una canonización en El Salvador hubiera significado que solo Romero sería canonizado en esa ceremonia, haciendo la canonización un enfoque intensamente romeriano.  En cambio, en Roma, Romero será uno de seis santos y no será el referente central ya que Pablo VI le lleva superioridad.  Además, en la práctica del Papa Francisco, las homilías de las canonizaciones suelen hacer solo breves referencias a los santos canonizados.  Sin duda, el criterio prevalente es que la Iglesia necesita hacer a Romero más universal y menos un fenómeno salvadoreño o latinoamericano.

Ahora le pertenece a la Iglesia de todo el mundo.

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